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Brujas

Carmelo Sánchez Muros

Corre veloz el tren por el plano paisaje: Llueve despacio y algún furtivo rayo deja escapar el sol iluminando, fugazamente, la torre que ha de guiar mis pasos, por las estrechas calles, hasta alcanzar el corazón concreto de la hechizada urge. Y entro en la ciudad. Me recibe el espejo estático del lago, donde los cisnes lánguidos deslizan su prumaje albo sobre las aguas, que expanden círculos, cuando la lluvia la superficie alera. Crecen los sauces sobre la alfombra verde de los musgos, como desmelenadas doncellas de leyenda.

Cae el manso aguacero sobre el verdín de aquellos edificios que alzan sus frontales triangulares, e invierten su reflejo en el obscuro verde de los adormecidos canales interiores, por donde se aventura alguna barca cargada de turistas. Llueve sobre las plazas animadas y en las terrazas de los cafés, abiertos a la luz difusa de la tarde. Suenan las camapanadas de las horas que marca el alto carillón. Luueve, sin tregua sobre Flandes.

Carmelo Sánchez Muros

Memorias de Siete Leguas

Una araña me observa desde un viejo molino de viento en la ciudad de Brujas

Fernand Valverde
Son extrañas las cosas cuando miran.

De los amarraderos del Dijver
los turistas buscan fotos imposibles,
paisajes sorprendentes
historias de la Historia,
leyendas que después contarán en lugares
repletos de temores y de cafeterías.

Pero tú, tú si entiendes del tiempo.

Tus huellas legendarias convierten lo que tocan
en cómplices de siglos y abandono.

- Tal vez no somos tan distintos,
es cuestión de fortuna y perspectiva.

Reconozco tu voz en las habitaciones
a las que yo no vuelvo:
también estarán solas.

Reconozco tu piel en todas las mujeres
desnudas del pasado,
en los rostros que vuelven
sin mirarme a los ojos.

No conoces ciudades sin conciencia en la piedra.

Por tu tiempo importuno,
tu soledad tan simple,
te propongo este pacto:
Yo te dejo mis dudas para venir al mundo,
tú me dejas las tuyas para volver al mío.

Fernando Valverde

Razones para huir de una ciudad con frío