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Ubi bene ibi patria

José Manuel Caballero Bonald

En San Pietro in Montoria las palomas
no vuelan, no se arrullan, permanecen
al borde del talud, entre las frondas polvorientas,
remisas y taimadas
como la historia escrita por sus protagonistas,
y allá lejos,
                     al fondo del Trastevere,
por la brumosas aulas del crepúsculo,
los muros ocres, malvas, imprecisos
de la ciudad relucen entre cultos tesoros
y magnánimas cláusula de un tiempo
que nos defiende
del ominoso asedio de los bárbaros.

En el mismo talud,
cerca ya del Templete donde anidan
los años sin vivir y las palomas,
comprendí que ya nunca me iría propiamente
porque ésa fue mi patria algunas noches.

(Marco Pacuvio)

J.M. Caballero Bonald

Summa Vitae

José Manuel Caballero Bonald

De todo lo que amé en días inconstantes
ya sólo van quedando
rastros,
marañas,
conjeturas,
pistas dudosas, vagas informaciones:
por ejemplo, la lluvia en la lucerna
de un cuarto triste de París,
la sombra rosa de los flamboyanes
engalanando a franjas las casa familiar de Camagüey,
aquellos taciturnos rastros de Babilonia
junto a los barrizales suntuosos del Éufrates,
un arcaico crepúsculo en las Islas Galápagos,
los prolijos fantasmas
de un memorable lupanar de Cádiz,
una mañana sin errores
ante la tumba de Ibn’Arabi en un suburbio de Damasco,
el cuerpo de Manuela tendido entre los juncos de Doñana,
aquel café de Bogotá
donde iba a menudo con amigos que han muerto,
la gimiente tirantez del velamen
en la bordada previa a aquel primer naufragio...

Cosas así de simples y soberbias.

Pero de todo eso
¿qué me importa
evocar, preservar después de tan volubles
comparecencias del olvido?

Nada sino una sombra
cruzándose en la noche con mi sombra.

J.M. Caballero Bonald
Manual de infractores