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Amada Regina

Joan Margarit

En todas las ciudades buscó siempre
un hotel que llevara el nombre de ella.
El Regina de Roma y su fachada
severa y gris, fascista, de granito.
El Regina de Londres, frente a un parque
tristísimo al crepúsculo. El Regina
con las piedras negruzcas de Bruselas.
El cálido Regina de París,
junto al «quai» solitario de barcazas.
El Regina y su zócalo de moho
lamido por las aguas oscuras de Venecia.
Y cuando ella murió, y él no viajaba ya,
el último Regina, en el bullicio
del centro, en Barcelona,
le acogió con sus gélidos espejos
y con su delicada marquesina
de hierro y de cristal en la calle Bergara.
Regina amada, hoteles y mujer:
algunos negros bultos en la noche,
la caldera encendida y los neones
de tu nombre, violentos de tanta soledad.
Ciudades que están llenas de imprevistos
hitos de amor.
Joan Margarit
Poesía amorosa completa

Ser un instante

Rafael Guillén

La certidumbre llega como un deslumbramiento.
Se vive por instantes de luz. O de tiniebla.
Lo demás son las horas, los telones de fondo,
el gris para el cansancio. Lo demás es la nada.

Es un momento. El cuerpo se deshabita y deja
de ser la transparencia con que se ve a sí mismo.
Se incorpora a las cosas; se hace material ajena
y podemos sentirlo desde un lugar remoto.

Yo recuerdo un instante en que París caía
sobre mí con el peso de una estrella apagada.
Recuerdo aquella lluvia total. París es triste.
Todo lo bello es triste mientras exista el tiempo.

Vivir es detenerse con el pie levantado,
es perder un peldaño, es ganar un segundo.
Cuando se mira un río pasar, no se ve el agua.
Vivir es ver el agua; detener su relieve.

Mi vagar se acodaba sobre el pretil de hierro
del Pont des Arts. De súbito, centelleó la vida.
Sobre el Sena llovía y el agua, acribillada,
se hizo piedra, ceniza de endurecida lava.

Nada altera su orden. Es tan sólo un latido
del ser que, por sorpresa, llega a ser perceptible.
Y se siente por dentro lo compacto del hierro,
y somos la mirada misma que nos traspasa.

La lucidez elige momentos imprevistos.
Como cuando en la sala de proyección, un fallo
interrrumpe la acción, deja una foto fija.
Al pronto el ritmo sigue. Y sigue el hundimiento.

La pesada silueta del Louvre no se cuadraba
en el espacio. Estaba instalada en alguna
parte de mí, era un trozo de esa total conciencia
que hendía con su rayo la certeza absoluta.

Ser un instante. Verse inmerso entre otras cosas
que son. Después no hay nada. Después el universo
prosigue en el vacío su muerte giratoria.
Pero por un momento se detiene, viviendo.

Recuerdo que llovía sobre París. Los árboles
también eran eternos a la orilla. Al segundo,
las aguas reanudaron su curso y yo, de nuevo,
las miraba, sin verlas, perderse bajo el puente.

Rafael Guillén
Límites

Summa Vitae

José Manuel Caballero Bonald

De todo lo que amé en días inconstantes
ya sólo van quedando
rastros,
marañas,
conjeturas,
pistas dudosas, vagas informaciones:
por ejemplo, la lluvia en la lucerna
de un cuarto triste de París,
la sombra rosa de los flamboyanes
engalanando a franjas las casa familiar de Camagüey,
aquellos taciturnos rastros de Babilonia
junto a los barrizales suntuosos del Éufrates,
un arcaico crepúsculo en las Islas Galápagos,
los prolijos fantasmas
de un memorable lupanar de Cádiz,
una mañana sin errores
ante la tumba de Ibn’Arabi en un suburbio de Damasco,
el cuerpo de Manuela tendido entre los juncos de Doñana,
aquel café de Bogotá
donde iba a menudo con amigos que han muerto,
la gimiente tirantez del velamen
en la bordada previa a aquel primer naufragio...

Cosas así de simples y soberbias.

Pero de todo eso
¿qué me importa
evocar, preservar después de tan volubles
comparecencias del olvido?

Nada sino una sombra
cruzándose en la noche con mi sombra.

J.M. Caballero Bonald
Manual de infractores

París

e.e. cummins

Sky over Paris (e.e.cummins, 1933)
Paris;this April sunset completely utters 
utters serenely silently a cathedral
before whose upward lean magnificent face 
the streets turn young with rain,


spiral acres of bloated rose 

coiled within cobalt miles of sky 
yield to and heed 
the mauve 
               of twilight(who slenderly descends, 
daintily carrying in her eyes the dangerous first stars) 
people move love hurry in a gently


arriving gloom and 
see!(the new moon 
fills abruptly with sudden silver 
these torn pockets of lame and begging colour)while 
there and here the lithe indolent prostitute 
Night,argues


with certain houses
e. e. cummins

Cinco elegías para un siglo (ii)

Fernando Valverde
Rara vez amanece en Sarajevo
las noches son tan largas como el frío,
tan largo es el dolor como las noches.
Es un día muy nuevo
de mil novecientos noventa y tres,
Izet Sarajlie piensa en los tranvías,
en Roma y en París,
en Mikica que duerme después de treinta horas
lloviendo las granadas.
Entonces siente lástima y recuerda
que un día fue posible levantarse temprano
y coger margaritas con la mujer que aún ama.

Fernando Valverde

Razones para huir de una ciudad con frío

Mis viajes: normas


Sólo ir a lugares donde vive un amigo
que me dé la bienvenida.

Viajar a un lugar soñado sólo
con quien es capaz de compartir mi sueño.

Y a ciertas ciudades, como París,
no ir nunca si no es con quien amo.

Berna Wang

Pequeños accidentes caseros