Quinnipak

Alessandro Baricco

Quinnipak. Una imaginaria ciudad vagamente situada en la Europa decimonónica, que pudiera ser símbolo de los ideales y los límites de la burguesía, entre el progreso colectivo y las pasiones personales. En ella convive una galería de extraordinarios personajes con el infinito como único horizonte, empeñados en construir castillos en el aire que irán desmoronándose hasta dejar un poso de tristeza o de rabia: el señor Rail, fabricante de cristal, cuyo sueño es poseer un ferrocarril sólo para sentir el vértigo de la velocidad; su esposa, Jun, cuya belleza inspiró a Dios «la extravagante idea de pecado»; Pekisch, inventor de artilugios imposibles, en busca de una nota musical inexistente; su compañero de fatigas, Pehnt, un chiquillo que lleva encima su destino, en forma de chaqueta holgada; la viuda Abegg, quien, ante la imposibilidad de vivir un futuro deseado, recuerda un pasado ficticio; H. Horeau, arquitecto, cuyo proyecto de un edificio construido sólo de cristal descubrirá el carácter inflamable de éste; Mormy, el niño bastardo capaz de detener el tiempo en su mirada...Quinnipak. Ciudad soñada, ciudad refugio.

Alessandro Baricco

Tierras de Cristal

Una araña me observa desde un viejo molino de viento en la ciudad de Brujas

Fernand Valverde
Son extrañas las cosas cuando miran.

De los amarraderos del Dijver
los turistas buscan fotos imposibles,
paisajes sorprendentes
historias de la Historia,
leyendas que después contarán en lugares
repletos de temores y de cafeterías.

Pero tú, tú si entiendes del tiempo.

Tus huellas legendarias convierten lo que tocan
en cómplices de siglos y abandono.

- Tal vez no somos tan distintos,
es cuestión de fortuna y perspectiva.

Reconozco tu voz en las habitaciones
a las que yo no vuelvo:
también estarán solas.

Reconozco tu piel en todas las mujeres
desnudas del pasado,
en los rostros que vuelven
sin mirarme a los ojos.

No conoces ciudades sin conciencia en la piedra.

Por tu tiempo importuno,
tu soledad tan simple,
te propongo este pacto:
Yo te dejo mis dudas para venir al mundo,
tú me dejas las tuyas para volver al mío.

Fernando Valverde

Razones para huir de una ciudad con frío

Las Ciudades y la Memoria. 1 - Diomira

Italo Calvino

Partiendo de allá y andando tres jornadas hacia levante, el hombre se encuentra en Diomira, ciudad con sesenta cúpulas de plata, estatuas de bronce de todos los dioses, calles pavimentadas de estaño, un teatro de cristal, un gallo de oro que canta todas las mañanas en lo alto de una torre. Todas estas bellezas el viajero ya las conoce por haberlas visto también en otras ciudades. Pero es propio de ésta que quien llega una noche de septiembre, cuando los días se acortan y las lámparas multicolores se encienden todas a la vez sobre las puertas de las freidurías, y desde una terraza una voz de mujer grita: ¡uh!, siente envidia de los que ahora creen haber vivido ya una noche igual a ésta y haber sido aquella vez tan felices.


Italo Calvino

Las ciudades invisibles

El Poema

Felipe Benítez Reyes
Tan extraño
como llegar a una ciudad
y ver cómo la luz
inventa esa ciudad de la que nunca
has logrado salir.

Felipe Benítez Reyes

El Equipaje Abierto

Hamburgo

Rubén Abella
En un callejón de St Pauli, entre emporios del sexo, discotecas, tiendas de armas y prostitutas heladas, una taberna sin nombre pervive de espaldas al tiempo. Los rincones del techo babean las mismas humedades de antaño. Sobre las paredes cuelgan, como grandes omos cansados, las mismas vistas del puerto, el Trostbrücke y las ruinas de St Nikolai. Las mismas canciones se derraman como lágrimas viejas por las comisuras de la gramola. En las mesas, dentro de los jarrones de siempre, se alzan los mismo tulipanes falsos.
Tampoco la clientela ha cambiado.
Los mismos navieros, los mismo estibadores, los mismo marineros en tierra beben weissbier, hablan de buques y capitanes, tararean estribillos ajados, rememoran tormentas, presumen de viejos amores portuarios, relatan viajes pasados, sueñan con travesías que ya nunca harán.

Rubén Abella

Las ciudades visibles