Las Ciudades Sutiles 1 - Diomira


Italo Calvino

Se supone que Isaura, ciudad de los mil pozos, surge sobre un profundo lago subterráneo. Dondequiera que los habitantes, excavando en la tierra largos agujeros verticales, han conseguido sacar agua, hasta allí y no más lejos se ha extendido la ciudad: su perímetro verdeante repite el de las orillas oscuras del lago sepulto, un paisaje invisible condiciona el visible, todo lo que se mueve al sol es impelido por la ola que bate encerrada bajo el cielo calcáreo de la roca. En consecuencia, religiones de dos especies se dan en Isaura. Los dioses de la ciudad, según algunos, habitan en las profundidades, en el lago negro que alimenta las venas subterráneas. Según otros, los dioses habitan en los cubos que suben colgados de la cuerda cuando aparecen fuera del brocal de los pozos, en las roldanas que giran, en los cabrestantes de las norias, en las palancas de las bombas, en las palas de los molinos de viento que suben el agua de las perforaciones, en los andamiajes de tela metálica que encauzan el enroscarse de las sondas, en los tanques posados en zancos sobre los techos, en los arcos delgados de los acueductos, en todas las columnas de agua, las tuberías verticales, los sifones, los rebosaderos, subiendo hasta las veletas que coronan las aéreas estructuras de Isaura, ciudad que se vuelve toda hacia lo alto.


Italo Calvino

Las ciudades invisibles

Sahara

Les Très Bien Ensemble


Hier je suis arrivée de nuit au Sahara
Je veux y rester pour toujours
Tout près de l’Algérie
Je cesserai d’avoir ou de ne pas avoir
Luciole de l’Occident
C’est l’inmensité
Tu vois…je me suis rendue compte finallement
De nuit tu dois venir ici, en te connectant
Tu vois, je me suis rendue compte aujourd’hui
On m’a dessiné une fable ici
En me connectant
Quelle chaleur!
Une gorgée seulement un jour de soleil
Tout pourrait être pire et maintenant je le comprends…
Tu vois…je me suis rendu compte finallement
De nuit tu dois venir ici, en te connectant
Tu vois, je me suis rendue compte aujourd’hui
On m’a dessiné une fable ici
En me connectant
Les Très Bien Ensemble

Las Ciudades y la Memoria. 2 - Isidora

Italo Calvino

Al hombre que cabalga largamente por tierras agrestes le asalta el deseo de una ciudad. Finalmente llega a Isidora, ciudad donde los palacios tienen escaleras de caracol incrustadas de caracolas marinas, donde se fabrican con todas las reglas del arte catalejos y violines, donde cuando el forastero está indeciso entre dos mujeres siempre encuentra una tercera, donde las peleas de gallos degeneran en riñas sangrientas entre los que apuestan. En todas estas cosas pensaba el hombre cuando deseaba una ciudad. Isidora es, pues, la ciudad de sus sueños; con una diferencia. La ciudad soñada lo contenía joven; a Isidora llega a edad avanzada. En la plaza hay un murete desde donde los viejos miran pasar a la juventud: el hombre está sentado en fila con ellos. Los deseos ya son recuerdos.


Italo Calvino

Las ciudades invisibles

Cowan City - Amonit - Landing City














Cowan CityAmonitLanding city

Jacek Yerka

Puertos

Juan José Téllez
Viejos muelles de Bristol, oíd mi corazón amotinado.

Ojos como antorchas incendiando la noche
bajaban por el glaciar callejero de Hong Kong.

Hay un paquebote anclado en la húmeda calma
de Rotterdam, sin carga ni piloto.

Pero en la taberna de Recibe probé tus ojos
poblados como un galeón hundido para siempre
cuando buscaba la ruta de Cartagena de Indias.

Morena de La Habana, sentí fiebre en Charleston.

Zarpé de Vladivostok y derivé a Corea,
cautivo y a tu pairo como un delfín arponeado.

Al sur del cabo Stad, un buque bordeaba los fiordos:
larga noche del Báltico, rubias de Copenhague.

Reparábamos en Bilbao, bajo la lluvia en la ría:
hombros tatuados con muchachas y lugares,
pero yo no recordaba de donde procedíamos.

Viento de Rodas y olas de Samarinda.

Compré un pasaporte falso al hampa de Brisbane
cuando navegaba al mando de un turco tuerto.

Robé en Valparaíso su diadema dorada
a una millonaria que no la echó de menos.

Te besé en Asmara y te olvidé en Bombay,
oscura cortesana de Malabo,
con los brazos comidos por las hormigas.
Juan José Téllez
Trasatlántico