Persistencia del olvido

Felipe Benítez Reyes

Recuerdo una ciudad como recuerdo un cuerpo.
Caía ya la luz sobre las calles
ya caía en tu cuerpo
-en un hotel oscuro, o en no sé
qué habitación sin muebles de no sé
qué ciudad- la luz agonizante
de velas encendidas.
Un temblor
de velas, o un temblor de árboles,
en el otoño sucedía  -no lo sé-
en la ciudad que no recuerdo
-ya esa desmemoriada sensación
de haber estado allí, ignoro adónde,
con alguien que no sé,
quizás en la ciudad que siempre olvido.

Tal vez era la lluvia: mi pasado
ocupa un escenario de calles desoladas.
Sin duda era la lluvia golpeando
los cristales de un taxi, con alguien a mi lado,
con alguien que ha perdido
sus rasgos con el tiempo.
O era yo
-no lo sé-, tal vez yo mismo
reflejado en cristales mojados por la lluvia.
Quizás era en verano, no recuerdo,
y era otra ciudad la que ahora olvido.
Una ciudad con bares junto al mar,
donde tú nunca estabas.
No sé bien
qué ciudad era aquélla en que la luz
tenía la apariencia de una flor abrasada,
pero tus manos frías estaban en mis manos,
tal vez en algún cine con palcos de oro viejo,
en su caliente oscuridad.
Una ciudad
se vive como un cuerpo,
se olvida como él.
Posiblemente
ahora evoco ciudades que existieron
al lado de esos cuerpos que existieron
en ciudades que existen tal vez en el olvido.
Que deben existir, pero no sé.

Daphne en Skagen

Benjamín Prado

Tú eras esta ciudad sepultada en las dunas,
su campanario blanco,
su Cielo sin Infierno,
su mundo sin caminos.

Tú eras el bosque rojo,
la canción de los búhos,
los alces que se acercan a las casas de Højen
para hacernos pensar en la nieve y en Pasternak,
para hacernos pensar en la muerte y la vida.

Hoy vuelvo a Skagen,
miro su sol del Norte,
los dos mares que se unen en el cabo de Grenen
igual que acero y plomo en una espada.

Tienes que imaginar que han pasado los años,
tú ya no estás
y yo voy a escribir:
- Hoy te he visto en la torre ciega de Sct. Laurentii,
en la casa de Ancher, en el Strandhotellet,
junto al faro de Grå.

- Hoy te he visto en la tumba verde de Holger Drachmann,
te he visto en la colina de Sømærket,
te he visto en el desierto de Sandmilen.

Tienes que imaginar
que esto no ocurre ahora:
estamos en Skagen y todo es como siempre,
el sendero a Tre Søstre,
la luz suave,
la arena en forma de delfin dormido.

Hoy
estabas
aquí,
lejos, a nuestro lado.

Benjamín Prado
Iceberg

Más de geografría

Josefa Parra
Te buscaré en los mapas,
lentamente palpando las líneas divisorias,
sorteando montañas y estaciones,
descifrando el azul del mar y de los ríos,
lentamente acechando
un nombre que te diga y me alimente,
un resquicio de luz hecha palabra,
ciudad, pueblo, accidente, tal vez tierra.
Volviendo del revés la geografía,
te buscaré, por entre los dibujos
y los signos pintados, lentamente,
sin tregua, sin remedio,
lentamente en los atlas,
sin fe, sin esperanza.
Josefa Parra
Alcoba del agua

Dos ciudades

Josefa Parra
Contemplo las estrellas de una ciudad extraña,
mientras que tú, extranjero de otra ciudad, muy lejos,
con la misma sorpresa las estás observando.
La tierra es diferente pero el cielo es idéntico.
El baile de planetas se repite en tus ojos
como en los míos. Marte es señor de los nocturnos
y las estrellas últimas fugaces del verano
no han faltado a la cita con tu ausencia y mi angustia.
Pronuncio las palabras que dicen de tus manos,
de tu amor infinito, de alguno de tus gestos,
para que esta ciudad que no sabe que existes
repita entre sus ecos tu nombre ya prohibido.

Josefa Parra
La hora azul

Zahara, nocturno

Josefa Parra

Las sombrillas azules recogidas, el viento,
el final de un amor, una luna tan fría
y el olor de este agosto que se pudre despacio.
Hojas de un almanaque vencido y el silencio.
Ni siquiera palabras para el adiós. La vida
se detiene un momento, pero es un espejismo:
el tiempo únicamente de mirar a la playa,
las sombrillas azules recogidas, el viento...


Josefa Parra
La hora azul