Sevilla


A cambio de los paseos por tus callejuelas
- y brillaba la luna como en un decorado,
y era cálida y rara -,
por tus plazas con fuentes y con niños mendigos,
por los atardeceres sobre el río moribundo;
en pago a los obsequios de tu noche morada
en que las estrellas eran dioses de nieve,
a cambio de tus amaneceres sobre el parque
cuando volvía a casa con un vaso en la mano,
a cambio de esos regalos, insignificantes
y preciosos como una vida, yo
te doy mi juventud.

Que los años, si quieren, me lleven
a lugares oscuros, lejos de ti,
ciudad del sol y las demás estrellas.
Pero recuerda: te doy mi juventud.

Cuando regrese y pise tus alfombras invisibles
hechas de luz y de jazmines muertos,
¿me darás tú la imagen de estos años,
perdidos en tu honor, que son de oro?

Hoy recuerdo tus lunas aladas fugitivas.

Felipe Benítez Reyes

Los Vanos Mundos

Çatalhöyük

Hace nueve mil años, en el poblado de Çatalhöyük, las casas no tenían ni puertas ni ventanas, y entre las casas no existían calles. La gente iba de un lado a otro a través de los tejados, y entraban y salían por el techo, por el mismo agujero que dejaba escapar el humo y el hollín de la cocina.


Cada casa albergaba bajo el suelo un linaje de muertos. A veces, en verano, el hedor alcanzaba los pisos altos, pero hombres y mujeres saludaban aquella podredumbre con humilde respeto. Eran sus muertos, no debían

abandonarlos. Por lo demás, sabemos poca cosa de su vida. Disponían de útiles líticos finamente pulidos, y habían domesticado cereales y ovejas. Cazaban cerdos y caballos salvajes y sabían servirse de las plantas silvestres. Ignoramos

en qué creían, pero se han encontrado grandes toros pintados en los muros y corpulentas diosas de piedra entronizadas, supuestamente restos de un viejo culto a la fetilidad.

Los arqueólogos andan despistados. ¿Reinaba un patriarcado o un matriarcado en aquella sociedad de ocho mil almas? Análisis de restos de hollín en las costillas indican que hombres y mujeres permanecían el mismo tiempo dentro de sus casas,

y un estudio exhaustivo de los dientes revela que sus dietas no diferían mucho.

Eso es lo que la Ciencia puede decir. Y yo sospecho:

Entre aquellas paredes, encima de los muertos, los ojos eran negros y brillantes como esquirlas de obsidiana, las manos se habían vuelto sabias sobre la húmeda arcilla de las vasijas hechas para guardar semillas,

en las noches de calor, muchos salían a dormir al tejado, dejándose mecer del dulce espanto que causan desde siempre la oscuridad y las estrellas,

mujeres y hombres con los mismo ojos, las mismas manos, el mismo placer al hundirlas en la harina, la misma espera ansiosa de la lluvia en la estación propicia,

el mismo compasivo respeto por los muertos

las mismas preguntas silenciosas cada noche mirando el espacio estrellado

y el mismo terror.

Ana Isabel Conejo

Atlas

Mis viajes: normas


Sólo ir a lugares donde vive un amigo
que me dé la bienvenida.

Viajar a un lugar soñado sólo
con quien es capaz de compartir mi sueño.

Y a ciertas ciudades, como París,
no ir nunca si no es con quien amo.

Berna Wang

Pequeños accidentes caseros


Quiet town

Josh Rouse

I know somewhere there is a party going down.
Interesting people; conversation to be found.
I've lived in cities where there is no solitude,
made some friends there that I hope I'll never lose.
But, for now, I want to stay in this quiet town.
The neighbors on my block, they've got stories to tell.
"This is the grocery who once was a hotel."
"And Mr. Driskle he just stands there with his smile, inviting everyone he sees to come inside."
This is the life I want to live in a quiet town.
Ohhh, sometimes I miss the shows I loved a long time ago.
Ohhh, sometimes I miss the shows I loved a long time ago.
Come Sunday morning there's a market on the square.
Children are playing, bells are ringing in the air.
Old men are drinking, it's a lazy afternoon; content with thinking that there is nothing to do.
So for now, I'm gonna stay in this quiet town.
In this quiet town.
In this quiet town.


La Ciudad


Dices: «Iré a otra tierra, hacia otro mar
y una ciudad mejor con certeza hallaré.
Pués cada esfuerzo mío está aquí condenado,
y muere mi corazón
lo mismo que mis pensamientos en esta desolada languidez.

Donde vuelvo mis ojos sólo veo
las oscuras ruinas de mi vida
y los muchos años que aquí pasé o destruí».

No hallarás otra tierra ni otro mar.
La ciudad irá en ti siempre. Volverás
a las mismas calles. Y en los mismos suburbios llegará tu vejez;
en la misma casa encanecerás.
Pues la ciudad siempre es la misma. Otra no busques - no la hay -,

La vida que aquí perdiste la has destruído en toda la tierra.

Konstantino Kavafis